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El lado oscuro de Google

Posted in Interés General, Noticias, Tecnologías, [Internet], [[Tema: Informática]] with tags , , , on 22, marzo 2009 by fallenlugosi

El gigante Google

El gigante Google

Google ha hecho lo imposible: ordenar el caos infinito de Internet y dar a los usuarios decenas de servicios gratuitos. Sin embargo, hay quien piensa que tras tanta generosidad y buenos sentimientos se esconde un monstruo

Considerado el mejor buscador de la historia de Internet, Google permite a millones de usuarios de todo el mundo acceder a un universo de conocimientos e información de forma extraordinariamente rápida y organizada. Su creación ha supuesto una revolución en el acceso a todo tipo de contenidos».

El pasado 24 de octubre, un sonriente Larry Page recogía el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Ahí es nada. Como reconocía la Fundación Príncipe de Asturias, Google efectivamente es un buscador rápido, que ofrece la información bien estructurada y que da un montón de servicios gratuitos. Tan bueno es que en muchos países no tiene rival.

Más de la mitad de los 1.500 millones de internautas que hay en todo el mundo utilizan el servicio. En España, por ejemplo, acapara el 95% de las búsquedas, y en Francia o Alemania ronda el 90%. De potentes rivales como Yahoo o MSN no hay casi ni rastro. En Estados Unidos, un mercado muy competitivo, tiene una cuota del 60%. Por presencia y cuota de mercado, Google debía estar tan bajo sospecha como Microsoft.

Además, parece que va a haber Google para rato. Gerald Reischl es un periodista austriaco que hace unos meses sacó en España un libro, El engaño Google (editorial MediaLive), donde vuelca todo el resultado de una minuciosa investigación sobre el buscador. Pues bien, todo parece indicar que esta compañía aventaja tecnológicamente a sus rivales entre 9 y 24 meses.

Además, como dice David Vise, «el biógrafo oficial», por cada dólar invertido, «Google obtiene un rendimiento tres veces mayor que sus competidores». Como consecuencia de este dominio y de las ventajas que del mismo está sacando, cada vez son más los que aseguran que Google tendrá en algún momento que enfrentarse a una denuncia antimonopolio, como en el pasado hicieron IBM o Microsoft, que todavía sigue purgando.

Sin embargo, y al contrario que Microsoft, que siempre ha tenido parte de la opinión pública en contra, por el momento el buscador escapa a esa imagen de Godzilla de Internet y más bien es sinónimo de cool. La iconografía es perfecta, empezando por sus fundadores, Serge Brin y Larry Page, que siempre aparecen en las fotos oficiales como sonrientes y desenfadados soñadores (aunque multimillonarios y con un potente proyecto empresarial supervisado al milímetro por Eric Schmidt, un ejecutivo con un dilatado currículo en la industria de las nuevas tecnologías). Su lema es un condescendiente Don´t be evil («No hagas el mal»).

Además, muchos darían casi la vida por trabajar en esas idílicas oficinas de Mountain View, en California, en el llamado Googleplex, donde más de 15.000 empleados se mueven en patinete o Segway y disponen, casi siempre de forma gratuita, de comida de los cinco continentes, zonas de juegos, piscina o guardería. Es lo más parecido a un patio de recreo para adultos.

Potencia mundial incontrolada

Sin embargo, como se afirma en El engaño Google, muchos de los que acuden con los ojos cerrados al buscador quizá no mostrarían tanto entusiasmo si supieran cómo funciona, cómo recopila información y cómo gana dinero. Como señala Reischl, Google ha crecido tanto que su hegemonía en los sectores de la información, la búsqueda y la publicidad lo convierten en «una potencia mundial incontrolada».

Pero no queda ahí la cosa: «transforma la sociedad, afecta al aprendizaje, fomenta la cultura del copia y pega [tan denostada por los docentes] y actúa como el mayor registrador de datos que el mundo ha conocido». En definitiva, «es un Gran Hermano cuya mirada pronto llegará a los lugares más recónditos de nuestra vida privada».

A diferencia de otros sitios, como Facebook, donde los usuarios introducen voluntariamente la información, cuando hacemos búsquedas en Google o empleamos algunas de sus aplicaciones y programas (Gmail, Calendar, Google Docs o Talk), dejamos infinidad de datos sin darnos cuenta y sin reparar en las consecuencias.

Y es que los datos de las consultas permanecen almacenados en los servidores del buscador durante 18 meses y, entre esos datos, está la IP del ordenador, el dominio desde el que se ha iniciado la búsqueda, el día y la hora de consulta o el número de identificación de la cookie generada.

Google asegura que mantiene estos logs de acceso por dos razones. Por un lado, porque permiten mejorar el servicio y la presentación de resultados. Por otro, para mantener la seguridad del sistema (se analiza el comportamiento de los logs con el fin de detectar código malicioso).

Reischl asegura, sin embargo, que las patentes que atesora la compañía muestran un deseo claro de sacarle partido a toda esta información. ¿Cómo funciona la extracción de datos en Google? Para dar una idea, Reischl sugiere echar un vistazo al servicio gratuito Google Analytics. Este programa permite seguir al segundo la actividad de nuestra página web, con estadísticas pormenorizadas del tráfico.

Si esto está disponible para todos aquellos que utilizan el módulo de publicidad Adwords (anuncios que aparecen acompañando a las búsquedas), ¿qué no tendrá Google a nivel interno para sacarle partido a su eterno caudal de datos? Además, Google dice que esta información de sus sistemas de extracción de datos queda para ellos, pero su valor es incalculable.

¿Qué dice la blogosfera nacional?

La esfera privada, la confidencialidad de los datos o la acumulación exagerada de información son temas que manchan el nombre de Google. Sin embargo, los bloggers consultados por PC Actual le quitan hierro al asunto y aceptan el trueque que propone la compañía de Brin y Page.

José Antonio del Moral, hombre de referencia de la blogosfera local y socio director de Alianzo, cree que la pérdida de intimidad es el «peaje que hay que pagar por estar en Internet de manera activa». Por su parte, Benjamí Villoslada, fundador en 2005 del sistema de promoción de noticias Menéame, se queja de que es muy fácil hacer amarillismo en este punto y arremete contra las «conspiranoias». «Creo que hay que ejercer la presunción de inocencia. Si delinquen [los de Google], entonces hay que juzgarlos, no antes», responde. Juan Castromil, fundador de CLiPset.NeT, también acepta el que todas las empresas de Internet se afanen por acumular información de sus clientes, aunque advierte de que si los usuarios del buscador tuvieran la sensación de que sus datos están siendo usados ilegalmente, éste perdería todo el apoyo popular.

Google sabe que depende de la reputación que tenga entre los internautas y hace todo lo posible por mantenerla. A favor de la compañía juega el hecho de que, hasta el momento, no se han detectado fugas significativas de datos y siempre ha aportado la información requerida por las autoridades.

Así lo confirmaba hace un par de meses Artemi Rallo, el director de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), en una entrevista en la edición electrónica de El País. «Entendemos que Internet no puede ser un territorio sin ley y que deben garantizarse los derechos. Afortunadamente, cuando hemos pedido información a Google o YouTube nos la han facilitado». Rallo recordaba además que habían solicitado que a través del servicio Street View no se pudiera identificar a personas y matrículas de coches y que Google lo había hecho.

En Google, además, recalcan que son los usuarios los que deciden hasta qué punto es anónima su navegación. Precisamente, para permitir que sea el internauta quien controle su privacidad, ha dispuesto funciones como el «off the record» del servicio de mensajería instantánea Google Talk o el borrado del servicio Web History.

El rey de la publicidad

Al día de hoy, Google es, según Reischl, «un perfecto instrumento para conquistar el mundo de la publicidad”. Otra vez nos topamos con la seducción de lo cool: los anuncios en Google no dificultan el acceso a los resultados, como en Yahoo o MSN, donde hay banners y ventanas emergentes.

Todo parece íntegro, pero en el fondo, y si no estamos atentos, caeremos antes en un anuncio patrocinado con un casi imperceptible fondo pastel que en los links que han resultado de la búsqueda. Cada clic que hacemos en estos enlaces le pueden reportar a Google hasta 90 dólares, aunque el promedio está en 4 o 5.

La compra de DoubleClick, un poderoso intermediario de la publicidad on-line, en abril de 2007, estrechaba además los lazos del buscador con las grandes agencias de medios. Esto habilita a Google a controlar ahora todo el proceso promocional de una compañía en Internet, desde un pequeño enlace patrocinado en el buscador a una larga campaña de alcance mundial.

Si los usuarios echaran cuentas a los ingresos por publicidad de esta compañía entenderían que estamos ante el verdadero amo (17.000 millones de dólares anuales de facturación y 4.000 millones de beneficios). Sin embargo, José Antonio del Moral está convencido de que Google irá abandonando un modelo de negocio basado en la publicidad por otro donde dominen los servicios de pago. Y da un par de datos: si hoy un 95% de los ingresos de la compañía provienen de la publicidad, en tres años no superará el 50%.

De hecho, la compañía ya vende a empresas versiones mejoradas y retocadas de servicios como Google Desktop, que ayudan a organizar y encontrar la información en las grandes compañías. Es sólo el comienzo de un Google que le puede hacer sombra a Microsoft o IBM como proveedor de software corporativo. Un ejemplo de las posibilidades de esto es la herramienta Adwords Targeting, que permite enviar mensajes publicitarios a zonas geográficas o lingüísticas concretas.

En El engaño Google, Gerald Reischl plantea otras cuestiones delicadas. El periodista sospecha incluso de la joya de la corona del buscador: PageRank. De la misma manera que cualquier profano puede engañar, al menos momentáneamente, al famoso algoritmo de búsqueda, que mide la popularidad de una página y, en función de ello, la coloca en la lista de resultados, Google también puede alterar el ranking.

Así, Reischl demuestra con un estudio llevado a cabo por una universidad austriaca que favorece a la Wikipedia. Otro ejemplo de esta manipulación se encuentra a principios de 2006, cuando el buscador eliminó del índice de búsquedas a BMW y Ricoh durante un tiempo.

Como dice Reischl, «si la gente de Mountain View no quiere que una firma se encuentre, no se encontrará»”. Algo así le ocurrió a eBay, que durante años convivió en armonía con el buscador y en el verano de 2007 empezó a competir por el sistema de pagos en Internet. De repente, eBay retiró dinero para publicitarse en Google y desapareció.

El ojo de Dios

Otro asunto espinoso es el del espionaje espacial. Google también está llevando su dominio en el terreno de las búsquedas al campo de la localización. Con Google Earth, se puede peinar buena parte del globo terráqueo y cada vez más empresas e instituciones lo utilizan para, combinado debidamente con otras herramientas, localizar en tiempo real a una flota de camiones o un móvil.

Pero hay más: con Google Maps se puede pasear por una ciudad tridimensional. Precisamente, la controversia, como decíamos antes, ha surgido con la función Street View, que permite ver personas y coches en las calles de la ciudad, lo que, sin duda, puede vulnerar el derecho a la intimidad.

Y continúa con Panoramio, una empresa que compró a mediados de 2007 y que ofrece un servicio para compartir fotos asignando unas coordenadas geográficas que identifican el sitio en el que se hizo, que aparecen como etiquetas en Google Earth. De esta manera, Google vuelve a obtener un montón de datos de los usuarios que puede incorporar a su sistema, afinando más aún sus perfiles.

Para terminar, cabe preguntarse quién parará los pies a Google. Ahora es muy difícil saberlo, pero Reischl sugiere que el caballero que destrone a Brin y Page podría estar madurando ahora en una empresa de la Web 2.0. También sugiere que las amenazas puedan llegar de buscadores en India y China. Baidu, el primer buscador chino, no ha ocultado su interés en saltar a Europa. Pero eso son sólo conjeturas y es probable que tengamos a Google en lo más alto durante mucho tiempo.

Microsoft también está dispuesta a poner mucha carne en el asador para desbancar al buscador. Lo demostró con su millonaria oferta por Yahoo el pasado verano Hace poco, Steve Ballmer, medio en broma, decía que se retiraría cuando Microsoft le diera la vuelta a la tortilla en el terreno de los buscadores. Seguramente, alguien debió preguntarse que si creía que iba a vivir 100 años. Pues eso.

Una telefónica llamada Google

Google también ha mostrado su interés por entrar a lo grande en el terreno de las telecomunicaciones. El buscador quiere pasar de ser un buen cliente de operadoras y proveedores de acceso a convertirse en un operador más, con su red de fibra óptica.

Los rumores de que la compañía está construyendo su propia red se remontan a 2006. En 2007 Google entró en el negocio del cable submarino embarcándose en el proyecto Unity para cruzar el Pacífico con cable. Además, la compañía presentó en 2007 un sistema operativo para móviles llamado Android, que ya corre en varios dispositivos.

¿Qué hay en juego? Una masa crítica de casi 3.000 usuarios de telefonía móvil en todo el mundo (el doble que las personas con ordenador y conexión a Internet) y un pastel publicitario que podría multiplicarse por 10 en tres años, llegando a los 14.000 millones de dólares en 2011.

Siguiendo con su estrategia en otros terrenos, es probable que Google permita a sus clientes telefonear, navegar y utilizar otros servicios sin pagar nada por ellos. Usaría un método similar al de la firma británica Blyk, cuyos usuarios deben permitir la aparición de mensajes publicitarios para llamar.

Pragmatismo para sobrevivir en la República Popular China

Uno de los más duros reproches que la comunidad de internautas mundial ha hecho al buscador ha sido su sometimiento a la censura oficial del Gobierno chino, lo que impide a un usuario de ese país, por ejemplo, acceder a direcciones que alberguen foros de discusión sobre Tibet, Taiwán o la represión de la plaza de Tiananmen en 1989.

De repente, la empresa más cool y libertaria de la soleada California se vuelve una taimada corporación que antepone sus objetivos empresariales (no olvidemos que el buscador chino Baidu podría ser una amenaza a medio plazo) a cualquier otra retórica. También en Singapur, señala Reischl, hay indicios de que Google coopera con el gobierno de ese país, que paga por acceder a determinada información.

En Europa, la censura se limita a eliminar páginas de pornografía infantil, la ultraderecha o el enaltecimiento de la violencia. José Antonio del Moral dice que el sometimiento a la censura china del buscador hay que verlo como una «adaptación» a una cultura distinta. Juan Castromil, por su parte, cree que Google debería haber tenido más dignidad en el gigante asiático, «lo que habría reforzado mucho el Don´t be evil». Desde la propia Google nos dicen que para los cibernautas chinos es mejor tener un buscador capado «que no tenerlo en absoluto».

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