Archivos para agosto, 2007

Alejandro Dolina: "La literatura argentina es importante; el cine, no tanto"

Posted in [[Tema: Literatura]], [[[Mensajes del Administrador]]] with tags on 31, agosto 2007 by fallenlugosi

El conocimiento, la trayectoria y la experiencia brindan cierta autoridad para argumentar sobre temas específicos sin caer en la soberbia, o al menos intentarlo. En ese sentido, Alejandro Dolina fue entrevistado en el programa “El espía”, conducido por Claudio Zeiger y emitido por la señal de cable Canal (á) los miércoles a las 21.30, donde habló sobre la calidad de la cultura argentina y explicó cómo cambiaron sus costumbres con el paso de los años. El conductor de “La venganza será terrible” manifestó que “la literatura argentina es importante, aunque el cine no tanto”, si bien “actualmente se están haciendo cosas muy dignas”, haciendo alusión a un supuesto desprecio que existe hacia la cultura nacional, y agregó que el mismo “puede parecer propio de espíritus exigentes que no se conforman con nada”. Además, el ex escritor de las revistas “Satiricón”, y “Humor” reconoció que “ya no tengo ese asombro que me hacía leer por diez horas seguidas”, si bien “no es una explicación seria decir que ya no se escribe como antes, porque siempre va a haber novelas que uno no ha leído”. Por otro lado, Dolina señaló que “el acto de leer se ha convertido en los últimos tiempos en algo relacionado con el trabajo más que con el placer”, por eso explica que “leo con un lápiz en la mano por si me doy con algún asunto que me venga bien para el programa, lo cual me perturba un poco”. También, aclaró que “estoy leyendo menos ficción. Antes era casi lo único que leía, pero ahora leo más ensayo, historia o filosofía”. Entre los escritores que consulta con asiduidad, están el filósofo francés Voltaire, y el estadounidense Isaac Asimov. Finalmente, el autor de varios libros, entre ellos “Bar del infierno”, su más reciente lanzamiento, dijo que a veces le cuesta encontrar un libro en su biblioteca porque ésta “es un amontonamiento, y van variando de posición conforme uno los saca de un lugar y los pone en otro”, y puntualizó que “cada tanto ordeno pero el mismo tráfico los desordena”.

Fallen Lugosi – ¡Cristo Esta Muerto!

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] on 29, agosto 2007 by fallenlugosi

Esta obra la escribí en 2006, y a pesar de lo chocante del título, es simplemente un mensaje místico y de reflexión.

¡Cristo Esta Muerto!
Autor: Fallen Lugosi
Fecha: 28/06/2006

† En el principio de los Tiempos a los Siete Ángeles He dicho:
«Un hastiado rebaño caminante nunca serán, que sus extremidades
hernien mientras un largo camino surcan al marchar…»
De mis bífidas fauces un trueno ha salido para el gentío:
«¡Ningún Reino asequible esta para ustedes!»
Solo la Verdad en la Tormenta refriega el Viento.

† ¿Qué adquirir perseveran? ¿Misericordia y perdón?
¡Atraviesen los desiertos todos y los mares otra vez pulvericen!
Sus uñas despojen y sus callosos pies en la posteridad templen,
Y hallar podrán la báscula sangrienta y oscura del balance de la Historia.

† Consuman como hienas sus pertrechos – ningún pan multiplicará.
Con inciensos los futuros profetas bendigan esta nueva Tierra,
Sus máquinas siembren en mis garras para sangre nómade brotar
De sus amígdalas odiosas y sus aortas henchidas estallar podrán.

† Al Nazareno ahora observen… ¡Viva romana lujuria!
Caminantes del desierto, sus desgracias sellen en mis ásperas runas.
Han oscurecido mis prédicas ya, olvidadas por el Mundo,
Y en misericordia mi organismo sitio… ¡Cristo esta Muerto!

Excusándome…

Posted in [[[Mensajes del Administrador]]] on 24, agosto 2007 by fallenlugosi

Hola amigos, les comento que debido a unas tareas inherentes a mi actividad como escritor, este blog esta algo detenido con respecto a otras ocasiones. Les pido mil disculpas a todos si no llego a tiempo con los pedidos, pero en la semana próxima retomaré la actividad normal de blogueo. Un saludo para todos… 🙂

Ambrose Bierce – Un Habitante de Carcosa

Posted in Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] with tags on 22, agosto 2007 by fallenlugosi

Un habitante de Carcosa
[Cuento. Texto completo]
Ambrose Bierce

Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo viaje, lo que es de hecho verdad. Pero, a veces, este hecho se produce en presencia de muchos, cuyo testimonio es la prueba. En una clase de muerte el espíritu muere también, y se ha comprobado que puede suceder que el cuerpo continúe vigoroso durante muchos años. Y a veces, como se ha testificado de forma irrefutable, el espíritu muere al mismo tiempo que el cuerpo, pero, según algunos, resucita en el mismo lugar en que el cuerpo se corrompió.

Meditando estas palabras de Hali (Dios le conceda la paz eterna), y preguntándome cuál sería su sentido pleno, como aquel que posee ciertos indicios, pero duda si no habrá algo más detrás de lo que él ha discernido, no presté atención al lugar donde me había extraviado, hasta que sentí en la cara un viento helado que revivió en mí la conciencia del paraje en que me hallaba. Observé con asombro que todo me resultaba ajeno. A mi alrededor se extendía una desolada y yerma llanura, cubierta de yerbas altas y marchitas que se agitaban y silbaban bajo la brisa del otoño, portadora de Dios sabe qué misterios e inquietudes. A largos intervalos, se erigían unas rocas de formas extrañas y sombríos colores que parecían tener un mutuo entendimiento e intercambiar miradas significativas, como si hubieran asomado la cabeza para observar la realización de un acontecimiento previsto. Aquí y allá, algunos árboles secos parecían ser los jefes de esta malévola conspiración de silenciosa expectativa.

A pesar de la ausencia del sol, me pareció que el día debía estar muy avanzado, y aunque me di cuenta de que el aire era frío y húmedo, mi conciencia del hecho era más mental que física; no experimentaba ninguna sensación de molestia. Por encima del lúgubre paisaje se cernía una bóveda de nubes bajas y plomizas, suspendidas como una maldición visible. En todo había una amenaza y un presagio, un destello de maldad, un indicio de fatalidad. No había ni un pájaro, ni un animal, ni un insecto. El viento suspiraba en las ramas desnudas de los árboles muertos, y la yerba gris se curvaba para susurrar a la tierra secretos espantosos. Pero ningún otro ruido, ningún otro movimiento rompía la calma terrible de aquel funesto lugar.

Observé en la yerba cierto número de piedras gastadas por la intemperie y evidentemente trabajadas con herramientas. Estaban rotas, cubiertas de musgo, y medio hundidas en la tierra. Algunas estaban derribadas, otras se inclinaban en ángulos diversos, pero ninguna estaba vertical. Sin duda alguna eran lápidas funerarias, aunque las tumbas propiamente dichas no existían ya en forma de túmulos ni depresiones en el suelo. Los años lo habían nivelado todo. Diseminados aquí y allá, los bloques más grandes marcaban el sitio donde algún sepulcro pomposo o soberbio había lanzado su frágil desafío al olvido. Estas reliquias, estos vestigios de la vanidad humana, estos monumentos de piedad y afecto me parecían tan antiguos, tan deteriorados, tan gastados, tan manchados, y el lugar tan descuidado y abandonado, que no pude más que creerme el descubridor del cementerio de una raza prehistórica de hombres cuyo nombre se había extinguido hacía muchísimos siglos.

Sumido en estas reflexiones, permanecí un tiempo sin prestar atención al encadenamiento de mis propias experiencias, pero después de poco pensé: “¿Cómo llegué aquí?”. Un momento de reflexión pareció proporcionarme la respuesta y explicarme, aunque de forma inquietante, el extraordinario carácter con que mi imaginación había revertido todo cuanto veía y oía. Estaba enfermo. Recordaba ahora que un ataque de fiebre repentina me había postrado en cama, que mi familia me había contado cómo, en mis crisis de delirio, había pedido aire y libertad, y cómo me habían mantenido a la fuerza en la cama para impedir que huyese. Eludí vigilancia de mis cuidadores, y vagué hasta aquí para ir… ¿adónde? No tenía idea. Sin duda me encontraba a una distancia considerable de la ciudad donde vivía, la antigua y célebre ciudad de Carcosa.

En ninguna parte se oía ni se veía signo alguno de vida humana. No se veía ascender ninguna columna de humo, ni se escuchaba el ladrido de ningún perro guardián, ni el mugido de ningún ganado, ni gritos de niños jugando; nada más que ese cementerio lúgubre, con su atmósfera de misterio y de terror debida a mi cerebro trastornado. ¿No estaría acaso delirando nuevamente, aquí, lejos de todo auxilio humano? ¿No sería todo eso una ilusión engendrada por mi locura? Llamé a mis mujeres y a mis hijos, tendí mis manos en busca de las suyas, incluso caminé entre las piedras ruinosas y la yerba marchita.

Un ruido detrás de mí me hizo volver la cabeza. Un animal salvaje -un lince- se acercaba. Me vino un pensamiento: “Si caigo aquí, en el desierto, si vuelve la fiebre y desfallezco, esta bestia me destrozará la garganta.” Salté hacia él, gritando. Pasó a un palmo de mí, trotando tranquilamente, y desapareció tras una roca.

Un instante después, la cabeza de un hombre pareció brotar de la tierra un poco más lejos. Ascendía por la pendiente más lejana de una colina baja, cuya cresta apenas se distinguía de la llanura. Pronto vi toda su silueta recortada sobre el fondo de nubes grises. Estaba medio desnudo, medio vestido con pieles de animales; tenía los cabellos en desorden y una larga y andrajosa barba. En una mano llevaba un arco y flechas; en la otra, una antorcha llameante con un largo rastro de humo. Caminaba lentamente y con precaución, como si temiera caer en un sepulcro abierto, oculto por la alta yerba.

Esta extraña aparición me sorprendió, pero no me causó alarma. Me dirigí hacia él para interceptarlo hasta que lo tuve de frente; lo abordé con el familiar saludo:

-¡Que Dios te guarde!

No me prestó la menor atención, ni disminuyó su ritmo.

-Buen extranjero -proseguí-, estoy enfermo y perdido. Te ruego me indiques el camino a Carcosa.

El hombre entonó un bárbaro canto en una lengua desconocida, siguió caminando y desapareció.

Sobre la rama de un árbol seco un búho lanzó un siniestro aullido y otro le contestó a lo lejos. Al levantar los ojos vi a través de una brusca fisura en las nubes a Aldebarán y las Híadas. Todo sugería la noche: el lince, el hombre portando la antorcha, el búho. Y, sin embargo, yo veía… veía incluso las estrellas en ausencia de la oscuridad. Veía, pero evidentemente no podía ser visto ni escuchado. ¿Qué espantoso sortilegio dominaba mi existencia?

Me senté al pie de un gran árbol para reflexionar seriamente sobre lo que más convendría hacer. Ya no tuve dudas de mi locura, pero aún guardaba cierto resquemor acerca de esta convicción. No tenía ya rastro alguno de fiebre. Más aún, experimentaba una sensación de alegría y de fuerza que me eran totalmente desconocidas, una especie de exaltación física y mental. Todos mis sentidos estaban alerta: el aire me parecía una sustancia pesada, y podía oír el silencio.

La gruesa raíz del árbol gigante (contra el cual yo me apoyaba) abrazaba y oprimía una losa de piedra que emergía parcialmente por el hueco que dejaba otra raíz. Así, la piedra se encontraba al abrigo de las inclemencias del tiempo, aunque estaba muy deteriorada. Sus aristas estaban desgastadas; sus ángulos, roídos; su superficie, completamente desconchada. En la tierra brillaban partículas de mica, vestigios de su desintegración. Indudablemente, esta piedra señalaba una sepultura de la cual el árbol había brotado varios siglos antes. Las raíces hambrientas habían saqueado la tumba y aprisionado su lápida.

Un brusco soplo de viento barrió las hojas secas y las ramas acumuladas sobre la lápida. Distinguí entonces las letras del bajorrelieve de su inscripción, y me incliné a leerlas. ¡Dios del cielo! ¡Mi propio nombre…! ¡La fecha de mi nacimiento…! ¡Y la fecha de mi muerte!

Un rayo de sol iluminó completamente el costado del árbol, mientras me ponía en pie de un salto, lleno de terror. El sol nacía en el rosado oriente. Yo estaba en pie, entre su enorme disco rojo y el árbol, pero ¡no proyectaba sombra alguna sobre el tronco!

Un coro de lobos aulladores saludó al alba. Los vi sentados sobre sus cuartos traseros, solos y en grupos, en la cima de los montículos y de los túmulos irregulares que llenaban a medias el desierto panorama que se prolongaba hasta el horizonte. Entonces me di cuenta de que eran las ruinas de la antigua y célebre ciudad de Carcosa.

*****
Tales son los hechos que comunicó el espíritu de Hoseib Alar Robardin al médium Bayrolles.

Aquí podrás escuchar el cuento “Un Habitante de Carcosa”. Presioná en el reproductor y listo…

Joselo de Misiones – Gira H2O Atentados Culturales

Posted in [[Tema: Ecología]], [[Tema: Música]] with tags on 21, agosto 2007 by fallenlugosi

Joselo Schuap – Sepan Que Soy Misionero

Posted in [[Tema: Ecología]], [[Tema: Música]], [[[Mensajes del Administrador]]] with tags on 21, agosto 2007 by fallenlugosi

Su mensaje en defensa del agua y la ecología, así como también de las culturas regionales llegará hasta Ushuaia, pasará por Bolivia y culminará nuevamente en Puerto Iguazú, en un cierre con tres recitales por la provincia de Misiones.
Su gira de Norte a Sur cuenta con el apoyo de el Negro Horacio Fontova, Chaloy Jara, y otros artistas de conocida trayectoria y compromiso social.
La elección de Iguazú como inicio y fin de la extensa gira es un reconocimiento público de la Triple Frontera como lugar de paz, frente a las malintencionadas versiones sobre la existencia de terrorismo internacional en la zona, y en defensa del agua.
AGUA BENDITA: El músico misionero Joselo Schuap registró en vivo a mediados del último año con sus músicos (Ichu Castillo, Pancho Villasanti y Fabián Viera) el disco “Agua bendita”. Siempre preocupado por temas ambientales, con este material deja su mensaje acerca del valor del agua (por el cuidado del acuífero guaraní y en contra de la instalación de grandes represas en los ríos del Litoral y de la construcción de plantas de celulosa en Uruguay). Así habla en piezas como “H2O”, “De cuando el río canta”, “Moja Rita” y el recitado “De la costa”. El disco trae 15 canciones, en general de tono chamamecero, y varios invitados famosos como Piñón Fijo, el acordeonista Raúl Barboza y Horacio Fontova, que ofrece una espontánea y muy buena actuación a dúo con Schuap.
LA GIRA H20: A modo de centro cultural itinerante, un grupo de artistas, desde músicos a documentalistas, recorre el país llevando el mensaje de la defensa del agua y los recursos naturales y difundiendo la cultura misionera. Durante el día, hacen actividades en escuelas y por las noches, montan espectáculos callejeros y hasta un cine móvil. Y todo, transmitido por una FM propia, también a bordo del micro. El Mercedes Benz modelo 62 pintado con “motivos mesopotámicos” se puso en marcha. El lunes 7 de agosto empezó la gira nacional H2O, en Puerto Iguazú, a cargo de un grupo de artistas que, como “centro cultural itinerante”, pretende unir La Quiaca y Ushuaia esparciendo su concepto, como lo llaman, de “arte-denuncia-concientización”. “Nos mueve la defensa del agua y los recursos naturales, y la difusión de la cultura de Misiones, a través de su música y del consumo de la yerba mate, sin desechar influencias de frontera, inmigración y raíces guaraníes”, señala Joselo Schuap, músico popular misionero, locutor y cabeza visible del grupo, que además componen un muralista, dos poetas, un actor, un artesano en platería, un videasta, cuatro músicos, un tallador en madera y un cuerpo de baile tradicional. “Es un rejunte nacional y hasta internacional, porque hay un polaco. Gente que vino a Misiones y se enamoró del proyecto”, cuenta Schuap, desde Posadas.
Todos conviven en el colectivo, donde llevan equipos de audio y video para la instalación rápida de un cine móvil y un espectáculo callejero. El ómnibus cuenta también con un equipo de radio FM, que transmite los acontecimientos en vivo, ya sea directamente o a través de las radios locales. En los pueblos que van parando, hacen actividades en escuelas: exhiben documentales sobre problemáticas ambientales de la región alto paranaense a chicos y maestros e invitan al debate. Desarrollan talleres literarios, trabajan murales y cierran a pura música. Por las noches, montan un show para todo público. Y en el medio, militan a favor del medioambiente. “Papeleras, represa, desmonte, pinos intrusos, rellenos sanitarios, acuífero contaminado con agrotóxicos”, enumera el músico, como temas que divulgan.

Yo Fallen Lugosi, le hago el aguante a mi amigo Joselo, al que siempre estamos esperando de sus visitas a nuestra Bella Vista, como siempre lo hace. Gracias Joselo y mi aguante, papá…

Más información: http://www.guardaelguachazo.com

El Vudú

Posted in [[Tema: Ocultismo]] with tags on 17, agosto 2007 by fallenlugosi

El vudú o vodun es una religión originada en el área cultural de África Occidental en tiempos prehistóricos. Se trata de una variante teísta de un sistema animista de creencias, provisto de un fuerte componente mágico. Por su vinculación directa con la cosmología y los sistemas de creencias neolíticos, su estudio resulta de gran interés en el campo de la paleoantropología. El vudú se cuenta entre las religiones más antiguas del mundo, a caballo entre el politeísmo y el monoteísmo.

El tráfico de esclavos hacia América produjo un fuerte fenómeno de sincretismo entre esta religión arcaica y las creencias cristianas de los esclavistas, así como con las religiones nativas de los lugares adonde se transportó a los esclavos. De aquí surgiría el vudú haitiano y un gran número de derivativos: la Regla de Ocha o Santería en Cuba, la Santería en República Dominicana, el Candomblé, la Umbanda y Kimbanda en Brasil, así como las manifestaciones africanistas en Puerto Rico y los demás países del área del caribe, etcétera. Algunos de estos derivativos han llegado a Europa en décadas recientes, sobre todo de la mano de emigrantes retornados.

El vudú en América
El vudú americano es un nítido ejemplo de evolución sincrética entre esta religiosidad teísta-animista, las creencias cristianas de los esclavistas y religiones locales de pueblos como los Taínos, que se inició cuando muchos africanos del Golfo de Guinea fueron utilizados como esclavos en Haití y otros lugares del Caribe. El vudú también se encuentra muy extendido en regiones tradicionalmente esclavistas de Estados Unidos hasta la abolición, especialmente en Nueva Orléans. Es Haití es notable la utilización como religión oficial que se hizo del vudú por parte del gobierno cleptócrata y autoritario de los Duvalier, para así mantener sometido a su pueblo.

En sus principios careció de un clero y de ritos regulares establecidos (liturgia), debido a que fue una religión perseguida por sus propietarios esclavistas, que los obligaban a convertirse al cristianismo.

Del vudú americano se derivan otras religiones como la santería, muy extendida en Cuba de naturaleza aún más mistificada por las corrientes cristianas. La santería —una de las máximas expresiones sincréticas del mundo— usa símbolos y santos cristianos, que dan imagen y representan loas y ritos anteriores, similares a los del vudú. Lo mismo sucede en la República Dominicana donde la Santería toma las figuras del cristianismo para representar sus loas.

El vudú ha sido un fuerte referente para la cultura popular, debido a la atribuida capacidad de los bokor para resucitar a los muertos y hacerlos trabajar en su provecho (zombies), así como la de provocar la muerte a voluntad. De igual interés popular han resultado otros elementos folclóricos como las muñecas vudú. Existe una amplia literatura y filmografía al respecto, que tiende a deformar y demonizar lo que hoy por hoy es la religión de más de 40 millones de personas en todo el mundo. Actualmente es una de las principales autoridades en la temática es Michael Bertiaux.

A continuación, una muestra de cómo se arma un muñeco vudú: