Archive for the Obras Leídas por Fallen Lugosi Category

Nuevos blogs. Uno literario y el otro humanístico…

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]], [[[Mensajes del Administrador]]] with tags , , on 4, noviembre 2008 by fallenlugosi

20060803071645-oscuridad

Animas de la noche:

Finalmente decidí que era hora de crear el espacio para mis obras.

Así que monté un nuevo blog llamado “Tierra de NoD” con contenido puro y exclusivo de mis obras literarias, que hace unos años vengo dilapidando por este universo paralelo e infinito.

Por este motivo, que es de festejo además, “Los Delirios del Vampiro” va a enfocar su temática exclusivamente a los temas de interés propuestos, ya sin la publicación de mis obras; papel que va a asumir el recién nacido.

Están todos más que invitados a visitar mi espacio literario, donde además podrán dejar sus comentarios y críticas constructivas/destructivas y podemos tener un contacto más cercano.

Oscuridad e iluminación del intelecto para todos ustedes.

http://tierradenod.wordpress.com

* NUEVO BLOG *

El 27 de Noviembre de 2008 publiqué “Ser Racional, Ser Humano, Ser Social…”, un nuevo blog en el que voy a difundir exclusivamente temáticas relacionadas con las Ciencias Sociales, como ser Psicología, Pedagogía, Educación, Sociología, entre otras.

La idea surgió simplemente porque quiero aportar mi granito de arena a la difusión de los temas mencionados, como alumno del Profesorado en Psicología del IFD Bella Vista, Corrientes (Argentina).

Los espero.

http://trimegistos.wordpress.com

Bíblico (Prosa)

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] with tags on 3, noviembre 2007 by fallenlugosi

Bíblico
Autor: Fallen Lugosi
Fondo: Revelation – Images Of Darkness

Benditos sean los destructores de falsa esperanza: ¡Auténticos Mesías!

Grito a los cuatro vientos, reclamo la simbiosis prometida,
Aliento a gemidos los desechos celestiales, caídos del cielo;
Al Norte, al Sur, al Oeste y al Este… ¡Mentes estrechas!
¡Muerte a los débiles, riqueza al fuerte!

Construyo un ídolo para interrogarlo, original pecado,
Pregunto: ¿De qué fonda eres el Amo, o más bien ruin Monseñor?
Las promesas se quiebran como espejos, picados por los Cuervos.
Oigo a la Oscuridad llamar a los fieles de su devoción… ¡Encanto!

La vítrea sangre acuosa del Redentor de los Débiles,
Aquél que chorrea la sangre de su cabeza en el rostro,
Que ha gozado del doliente clamor de filosas espinas… ¡Sagrado!
¡Mortales de estrecha mente, seducidos del mármol y de la castración!

¿Cuál Divinidad grabada en los Libros detendrá mi pluma?
Grito a los cuatro vientos, exijo explicaciones de tamaña estupidez…
Hadas o esclavos, sacerdotes o fieles… ¡Sanguijuelas o idiotas!
Yugo o Edén, marionetas o verdugos… ¡Mentirosos o débiles!

¿Misericordia? Principio de debilidad a los enemigos del Sabio,
¡Un perro faldero que rueda sobre su lomo cuando se lo patea!
Cielo o Infierno, Bien o Mal… ¡Sabiduría o Cristiandad!
Realidad o Paraíso, sofocarán a las orcas del mar profundo… ¡Ave Satani!

Fallen Lugosi – Cuervos

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] on 5, septiembre 2007 by fallenlugosi

Cuervos
Autor: Fallen Lugosi

El Cuervo está acechando, sobrevuela la noche,
Se oculta en las oscuras noches de fúnebres pesadillas.
¡Se ha revelado el Amo y Señor de este Lugar!
Vuela surcando el aire, crucificando tus sueños…

Cuéntale a gritos a cada criatura de la Tierra,
Que la Muerte corre en las venas de su negro cuerpo.
Escucha mi mensaje, oye mis oráculos,
El Cuervo atraviesa tu mediocre brillante cielo…

Los campanarios están crepitando agudamente,
El viento sopla a tus espaldas, no puedes divisarlo;
Aun no sientes el aroma de la gangrenada carne en su pico,
El Cuervo buscará tus apestosos músculos para sustentarse…

La noche es larga, los lamentos intensos…
¡Los sollozos son más penetrantes que la Bella Oscuridad!
El Cuervo bate sus alas, el Infierno recorre sus venas.
Su alma no descansará hasta consumir tu libertad.

Él dice que vendrá a alimentarse de las almas débiles,
Gritará su nombre contra el viento, ¡Imagina su Poder!
Haz de quemar todos tus inciensos, rezarás a tu Creador…
¡Él es el Consumidor de carroña, fiel discípulo del Caído!

Fallen Lugosi – Clarividencia

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] on 5, septiembre 2007 by fallenlugosi

Clarividencia
Autor: Fallen Lugosi

El Clarividente cae desde los cielos,
Se empeña en vociferar lo que pasará…
Los mortales, pávidos y curiosos,
Lo observan en su caída…

Las almas están sedientas del futuro,
Que ha llegado hace años, infortunios…
Prolífera siembra de brotes del Mal,
La desdicha se ha cimentado en la Tierra.

Como el gran hipócrita de hace siglos,
El Clarividente monta cuadrillas de impuros.
Observo la vacía noche, los sueños salvajes,
Y me pregunto, ¿Alguien aún no ha enfermado?

Desde las runas, los misteriosos conjuros,
El Clarividente mira hacia los cielos, gozoso,
Busca a un tal “Dios”, que dice que nos salvará.
Busca milagros que cree que desde el cielo caerán…

Fallen Lugosi – ¡Cristo Esta Muerto!

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] on 29, agosto 2007 by fallenlugosi

Esta obra la escribí en 2006, y a pesar de lo chocante del título, es simplemente un mensaje místico y de reflexión.

¡Cristo Esta Muerto!
Autor: Fallen Lugosi
Fecha: 28/06/2006

† En el principio de los Tiempos a los Siete Ángeles He dicho:
«Un hastiado rebaño caminante nunca serán, que sus extremidades
hernien mientras un largo camino surcan al marchar…»
De mis bífidas fauces un trueno ha salido para el gentío:
«¡Ningún Reino asequible esta para ustedes!»
Solo la Verdad en la Tormenta refriega el Viento.

† ¿Qué adquirir perseveran? ¿Misericordia y perdón?
¡Atraviesen los desiertos todos y los mares otra vez pulvericen!
Sus uñas despojen y sus callosos pies en la posteridad templen,
Y hallar podrán la báscula sangrienta y oscura del balance de la Historia.

† Consuman como hienas sus pertrechos – ningún pan multiplicará.
Con inciensos los futuros profetas bendigan esta nueva Tierra,
Sus máquinas siembren en mis garras para sangre nómade brotar
De sus amígdalas odiosas y sus aortas henchidas estallar podrán.

† Al Nazareno ahora observen… ¡Viva romana lujuria!
Caminantes del desierto, sus desgracias sellen en mis ásperas runas.
Han oscurecido mis prédicas ya, olvidadas por el Mundo,
Y en misericordia mi organismo sitio… ¡Cristo esta Muerto!

Ambrose Bierce – Un Habitante de Carcosa

Posted in Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] with tags on 22, agosto 2007 by fallenlugosi

Un habitante de Carcosa
[Cuento. Texto completo]
Ambrose Bierce

Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo viaje, lo que es de hecho verdad. Pero, a veces, este hecho se produce en presencia de muchos, cuyo testimonio es la prueba. En una clase de muerte el espíritu muere también, y se ha comprobado que puede suceder que el cuerpo continúe vigoroso durante muchos años. Y a veces, como se ha testificado de forma irrefutable, el espíritu muere al mismo tiempo que el cuerpo, pero, según algunos, resucita en el mismo lugar en que el cuerpo se corrompió.

Meditando estas palabras de Hali (Dios le conceda la paz eterna), y preguntándome cuál sería su sentido pleno, como aquel que posee ciertos indicios, pero duda si no habrá algo más detrás de lo que él ha discernido, no presté atención al lugar donde me había extraviado, hasta que sentí en la cara un viento helado que revivió en mí la conciencia del paraje en que me hallaba. Observé con asombro que todo me resultaba ajeno. A mi alrededor se extendía una desolada y yerma llanura, cubierta de yerbas altas y marchitas que se agitaban y silbaban bajo la brisa del otoño, portadora de Dios sabe qué misterios e inquietudes. A largos intervalos, se erigían unas rocas de formas extrañas y sombríos colores que parecían tener un mutuo entendimiento e intercambiar miradas significativas, como si hubieran asomado la cabeza para observar la realización de un acontecimiento previsto. Aquí y allá, algunos árboles secos parecían ser los jefes de esta malévola conspiración de silenciosa expectativa.

A pesar de la ausencia del sol, me pareció que el día debía estar muy avanzado, y aunque me di cuenta de que el aire era frío y húmedo, mi conciencia del hecho era más mental que física; no experimentaba ninguna sensación de molestia. Por encima del lúgubre paisaje se cernía una bóveda de nubes bajas y plomizas, suspendidas como una maldición visible. En todo había una amenaza y un presagio, un destello de maldad, un indicio de fatalidad. No había ni un pájaro, ni un animal, ni un insecto. El viento suspiraba en las ramas desnudas de los árboles muertos, y la yerba gris se curvaba para susurrar a la tierra secretos espantosos. Pero ningún otro ruido, ningún otro movimiento rompía la calma terrible de aquel funesto lugar.

Observé en la yerba cierto número de piedras gastadas por la intemperie y evidentemente trabajadas con herramientas. Estaban rotas, cubiertas de musgo, y medio hundidas en la tierra. Algunas estaban derribadas, otras se inclinaban en ángulos diversos, pero ninguna estaba vertical. Sin duda alguna eran lápidas funerarias, aunque las tumbas propiamente dichas no existían ya en forma de túmulos ni depresiones en el suelo. Los años lo habían nivelado todo. Diseminados aquí y allá, los bloques más grandes marcaban el sitio donde algún sepulcro pomposo o soberbio había lanzado su frágil desafío al olvido. Estas reliquias, estos vestigios de la vanidad humana, estos monumentos de piedad y afecto me parecían tan antiguos, tan deteriorados, tan gastados, tan manchados, y el lugar tan descuidado y abandonado, que no pude más que creerme el descubridor del cementerio de una raza prehistórica de hombres cuyo nombre se había extinguido hacía muchísimos siglos.

Sumido en estas reflexiones, permanecí un tiempo sin prestar atención al encadenamiento de mis propias experiencias, pero después de poco pensé: “¿Cómo llegué aquí?”. Un momento de reflexión pareció proporcionarme la respuesta y explicarme, aunque de forma inquietante, el extraordinario carácter con que mi imaginación había revertido todo cuanto veía y oía. Estaba enfermo. Recordaba ahora que un ataque de fiebre repentina me había postrado en cama, que mi familia me había contado cómo, en mis crisis de delirio, había pedido aire y libertad, y cómo me habían mantenido a la fuerza en la cama para impedir que huyese. Eludí vigilancia de mis cuidadores, y vagué hasta aquí para ir… ¿adónde? No tenía idea. Sin duda me encontraba a una distancia considerable de la ciudad donde vivía, la antigua y célebre ciudad de Carcosa.

En ninguna parte se oía ni se veía signo alguno de vida humana. No se veía ascender ninguna columna de humo, ni se escuchaba el ladrido de ningún perro guardián, ni el mugido de ningún ganado, ni gritos de niños jugando; nada más que ese cementerio lúgubre, con su atmósfera de misterio y de terror debida a mi cerebro trastornado. ¿No estaría acaso delirando nuevamente, aquí, lejos de todo auxilio humano? ¿No sería todo eso una ilusión engendrada por mi locura? Llamé a mis mujeres y a mis hijos, tendí mis manos en busca de las suyas, incluso caminé entre las piedras ruinosas y la yerba marchita.

Un ruido detrás de mí me hizo volver la cabeza. Un animal salvaje -un lince- se acercaba. Me vino un pensamiento: “Si caigo aquí, en el desierto, si vuelve la fiebre y desfallezco, esta bestia me destrozará la garganta.” Salté hacia él, gritando. Pasó a un palmo de mí, trotando tranquilamente, y desapareció tras una roca.

Un instante después, la cabeza de un hombre pareció brotar de la tierra un poco más lejos. Ascendía por la pendiente más lejana de una colina baja, cuya cresta apenas se distinguía de la llanura. Pronto vi toda su silueta recortada sobre el fondo de nubes grises. Estaba medio desnudo, medio vestido con pieles de animales; tenía los cabellos en desorden y una larga y andrajosa barba. En una mano llevaba un arco y flechas; en la otra, una antorcha llameante con un largo rastro de humo. Caminaba lentamente y con precaución, como si temiera caer en un sepulcro abierto, oculto por la alta yerba.

Esta extraña aparición me sorprendió, pero no me causó alarma. Me dirigí hacia él para interceptarlo hasta que lo tuve de frente; lo abordé con el familiar saludo:

-¡Que Dios te guarde!

No me prestó la menor atención, ni disminuyó su ritmo.

-Buen extranjero -proseguí-, estoy enfermo y perdido. Te ruego me indiques el camino a Carcosa.

El hombre entonó un bárbaro canto en una lengua desconocida, siguió caminando y desapareció.

Sobre la rama de un árbol seco un búho lanzó un siniestro aullido y otro le contestó a lo lejos. Al levantar los ojos vi a través de una brusca fisura en las nubes a Aldebarán y las Híadas. Todo sugería la noche: el lince, el hombre portando la antorcha, el búho. Y, sin embargo, yo veía… veía incluso las estrellas en ausencia de la oscuridad. Veía, pero evidentemente no podía ser visto ni escuchado. ¿Qué espantoso sortilegio dominaba mi existencia?

Me senté al pie de un gran árbol para reflexionar seriamente sobre lo que más convendría hacer. Ya no tuve dudas de mi locura, pero aún guardaba cierto resquemor acerca de esta convicción. No tenía ya rastro alguno de fiebre. Más aún, experimentaba una sensación de alegría y de fuerza que me eran totalmente desconocidas, una especie de exaltación física y mental. Todos mis sentidos estaban alerta: el aire me parecía una sustancia pesada, y podía oír el silencio.

La gruesa raíz del árbol gigante (contra el cual yo me apoyaba) abrazaba y oprimía una losa de piedra que emergía parcialmente por el hueco que dejaba otra raíz. Así, la piedra se encontraba al abrigo de las inclemencias del tiempo, aunque estaba muy deteriorada. Sus aristas estaban desgastadas; sus ángulos, roídos; su superficie, completamente desconchada. En la tierra brillaban partículas de mica, vestigios de su desintegración. Indudablemente, esta piedra señalaba una sepultura de la cual el árbol había brotado varios siglos antes. Las raíces hambrientas habían saqueado la tumba y aprisionado su lápida.

Un brusco soplo de viento barrió las hojas secas y las ramas acumuladas sobre la lápida. Distinguí entonces las letras del bajorrelieve de su inscripción, y me incliné a leerlas. ¡Dios del cielo! ¡Mi propio nombre…! ¡La fecha de mi nacimiento…! ¡Y la fecha de mi muerte!

Un rayo de sol iluminó completamente el costado del árbol, mientras me ponía en pie de un salto, lleno de terror. El sol nacía en el rosado oriente. Yo estaba en pie, entre su enorme disco rojo y el árbol, pero ¡no proyectaba sombra alguna sobre el tronco!

Un coro de lobos aulladores saludó al alba. Los vi sentados sobre sus cuartos traseros, solos y en grupos, en la cima de los montículos y de los túmulos irregulares que llenaban a medias el desierto panorama que se prolongaba hasta el horizonte. Entonces me di cuenta de que eran las ruinas de la antigua y célebre ciudad de Carcosa.

*****
Tales son los hechos que comunicó el espíritu de Hoseib Alar Robardin al médium Bayrolles.

Aquí podrás escuchar el cuento “Un Habitante de Carcosa”. Presioná en el reproductor y listo…

Prosa: El Agitador de la Oscuridad

Posted in Obras de Fallen Lugosi, Obras Leídas por Fallen Lugosi, [[Tema: Literatura]] with tags on 16, agosto 2007 by fallenlugosi

El Agitador de la Oscuridad
Fecha: 01/10/2004
Autor: Fallen Lugosi

Arden los lirios en la sitiada Jerusalén,
El Reino de las Tinieblas está sediento de plasma.
Milenarias flamas en las vacías mentes,
De aquellos que han traicionado al llamado “Nazareno”.

La Cruz ha sido su cobarde arma letal,
Han mirado a los cielos y sus ojos sangraron…
¡Los brujos del antiguo imperio lloran por sus doncellas!
Flageladas en el tormento y el suplicio de su Fe.

¡No lo han visto! ¡No lo han olfateado!
¡Es el Amo, Señor de la Oscuridad!
El mismo que ha derribado los huecos muros,
Paredes que por siempre rodearon a la ciudad maldita.

La Quinta Maravilla emana los aromas pútridos a flores muertas,
¡Tu Fe se ha convertido en aquellos capullos!
Las hidras esponjosas penetraron sus rostros,
¡Ahora tú eres el clavado en la cruz! ¡Necio!

En Fin de los Tiempos ya está escrito, el Ángel Negro ya está presente.
Las ruinas de tu ciudad, germen de las viles imperfecciones,
¡Los pecados de tus gentíos son alimento de mis legiones!
Y tú, sin quererlo, sigues sustentando Su Existencia…

————–
El audio de esta obra fue registrado el día 12 de Mayo de 2005 durante el ciclo “Confluencia de Voces”, en el marco de la presentación individual de cada uno de los integrantes del grupo S.A.D.E. Bella Vista ante la salida de su segundo libro de Antología “Confluencias, Voces de la Tierra Sin Mal”. El lugar fue el desaparecido pub “Querido Luca”, ubicado en calle Corrientes y Córdoba de nuestra ciudad Bella Vista. Dicho evento se extendió todos los días Viernes desde el mes de Mayo a Julio del año 2005.
A mí me tocó inaugurarlo ante una nutrida presencia de público. Esta obra se llama “El Agitador de la Oscuridad” y corresponde a mi primera época de “publicador”…