Exorcismos: expulsión del Demonio

Robbie Mannheim había llevado la vida típica de un adolescente hasta el día en que murió su tía Harriet. Trató de ponerse en contacto con ella utilizando la tabla Ouija con la que él y su tía habían pasado muchas horas intentando comunicarse con el más allá. En la casa pronto se empezaron a oír ruidos extraños. El terror aumentó cuando el chico adoptó una actitud demoníaca, blasfemando y cubriéndose de cortes todo el cuerpo.

Los padres consultaron con un médico y un psiquiatra, pero ambos encontraron a Robbie sano física y mentalmente. Desesperados, se convencieron de que su hijo estaba poseído por el demonio. El mismo parecer manifestó un sacerdote que intentó exorcizar al chico. Apenas entonó las palabras “líbranos del diablo”, el muchacho liberó una de las manos de sus ataduras y empezó a golpear al sacerdote con un muelle que había arrancado de la cama. Al padre hubo que ponerle más de cien puntos de sutura en el brazo.

Obligados al Secreto
Ésta es sólo una parte de los sufrimientos padecidos, de enero a abril de 1949, por un muchacho que vivía en Mount Rainier, un suburbio de Washington, y cuyo nombre permanece en secreto.

En 1949, el Washington Post publicó un artículo sobre los exorcismos, el suceso dejó de ser secreto cuando apareció en la revista The Catholic Review. Estos acontecimientos, además, inspiraron a William Peter Blatty para su novela El exorcista.

Blatty visitó al padre William Bowdern, uno de los sacerdotes que habrían tomado parte en los exorcismos, pero éste había prometido proteger la intimida de la familia del muchacho y se negó a facilitar cualquier dato.

Bowdern, sin embargo, había escrito un diario durante los exorcismos. En 1986 el diario acabó en manos del escritor Thomas Allen, quien lo había recibido del padre Walter Halloran, otro sacerdote que había intervenido en los exorcismos.

Allen supo que un grupo de jesuitas estuvo rezando y rociando con agua bendita, durante un mes, tanto en casa del muchacho, como en el Alexian Brothers Hospital de Saint Louis, en Missouri. La posesión se manifestaba por la noche y duraba hasta el alba: el chico se retorcía salvajemente, blasfemaba y escupía. Los cortes que aparecían en el tórax se hacían paulatinamente más inquietantes y aparecieron escritas en caracteres de sangre las palabras HELL (infierno) y SPITE (rencor).

Combatir al Diablo
El lunes de Pascua de 1949, tras 24 noches, Robbie se curó. Abrió los ojos y dijo: “Se ha ido”. Algunos expertos que han estudiado el caso de Robbie son del parecer que fue atacado por una o más de las siguientes enfermedades mentales:

Automatismo: caracterizado por acciones mecánicas o involuntarias, típico de algunas formas de esquizofrenia
Síndrome de Gilles de la Tourette: perturbación de la personalidad en la cual el paciente grita de forma incontrolada, se contorsiona, emite sonidos similares a gruñidos y habla de forma ininteligible.
Desorden obsesivo-compulsivo: caracterizado por la necesidad de realizar acciones inútiles o inapropiadas, acompañadas por frecuentes ataques de ansiedad causados por motivos irreales. Sin embargo, los médicos que examinaron a Robbie no detectaron ninguno de estos síntomas.
Allen localizó a Robbie -un cincuentón, casado y con hijos- y habló con él. Su conclusión es que el chico fue “la víctima inocente de un horror… de un suceso extraordinario e inexplicable, cuyas raíces psíquicas y culturales eran más profundas que las del cristianismo”. En el curso de este siglo, el mundo cristiano ha tenido diversas actitudes respecto a los exorcismos. Por una parte se ha distanciado de este tipo de prácticas, trabajando en estrecho contacto con médicos y psiquiatras, autorizando estudios para esclarecer este fenómeno. Por otra, la Iglesia Católica ha revestido estas prácticas con una cortina de silencio, aunque se comenta que Juan Pablo II exorcizó a una mujer en 1982.

El padre Gabriele Amorth es uno de los pocos exorcistas dispuestos a hablar de su actividad. Vive en Roma y asegura haber realizado 50.000 exorcismos, pero cree que sólo 84 de los casos fueron auténticas posesiones demoníacas. Explica que entre los síntomas típicos destacan la manifestación de una fuerza física extraordinaria, la xenolalia (hablar en una lengua que la persona poseída no conoce), y las revelaciones de actos privados de terceras personas.

Efectividad del Exorcismo
En 1972 una comisión compuesta por representantes de la Iglesia Católica y médicos psiquiatras hizo, a petición de la Iglesia Anglicana, un informe sobre las prácticas exorcísticas. El informe confirmó la efectividad de los exorcismos relativos a los lugares, diciendo que “la acción del diablo es frecuente en los lugares sacros, y durante las sesiones espiritistas”.

La efectividad de los exorcismos en las personas, sin embargo, se consideraba “extremadamente dudosa”. Según el informe, quienes creen estar poseídos por el demonio deberían primero visitar al médico y recurrir al sacerdote sólo como último recurso.

El canónigo Dominic Walker, de Brighton, coordinador del Christian Exorcism Study Group, piensa que en ocasiones puede ser el mismo sacerdote quien transmite la idea de la posesión a aquellos que acuden a él.

Un caso así le ocurrió a Michael Taylor, en Ossett, Yorkshire. El 6 de octubre de 1974, Taylor asesinó a su mujer arrancándole la cabeza con las manos desnudas. Taylor, un hombre felizmente casado, regresaba de sufrir un exorcismo que duró toda la noche. El sacerdote, padre Peter Vincent, había realizado el exorcismo, con la ayuda de un pastor metodista. Exorcizaron a Taylor expulsando de su cuerpo a 40 demonios, pero se dejaron uno, el asesino.

Maníaco Homicida
Taylor no fue considerado culpable de homicidio por su incapacidad de discernir y realizar actos volitivos; salió de la cárcel y, por disposición del juez Justice Caufield, quedó internado en un hospital psiquiátrico.

Reconociendo la peligrosidad de ciertos comportamientos, algunas religiones se están distanciando de la práctica de exorcismos y abogan por formas sustitutivas de liberación y bendición. Mientras tanto, sin embargo, iglesias cuyos seguidores van en aumento, como las pentecostelianas y fundamentalistas, atraen a numerosos creyentes con sus rituales de curación que garantizan la expulsión del Diablo.

Los escépticos aseguran que estos rituales atraen sólo a quienes quieren llamar la atención sobre sí mismos. Este tipo de argumentos pueden ser utilizados para explicar casos concretos, pero no pueden esclarecer los testimonios de personas ecuánimes que han presenciado más de un fenómeno aterrador y aparentemente inexplicable.

Según Thomas Allen, el diario del padre Bowdern sobre el caso de 1949 menciona el nombre de otros nueve jesuitas que vieron personalmente al joven Robbie poseído por el demonio. Allen descubrió también un informe de la iglesia sobre el exorcismo firmado por 48 testigos. Es difícil, pues, llegar a una conclusión sobre el fenómeno de los exorcismos.

A pesar de las evidencias, la Iglesia mantiene un silencio impenetrable en torno al caso Mannheim. Halloran, el sacerdote que pasó el diario a Allen, recordó haberle comentado a Bowdern: “Ellos nunca admitirán que ha sido un exorcismo genuino”. A lo que aquel le contestó: “pero, usted y yo lo sabemos. Estuvimos allí”.

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